info@carinavp.com

Meditación: ¿Y si el silencio fuera la respuesta que estás buscando?

Cómo dejar de pelear con tu mente y empezar a escucharte

¿Te suena esta escena? Estás haciendo la cena y ya estás pensando en lo que tienes que preparar mañana. Mientras te duchas, repasas la lista de la compra, los gastos del mes, esa conversación pendiente, cómo ha quedado la cuenta (en rojo, otra vez), que tendrías que apuntarte al gimnasio, que has engordado, que necesitas hacer dieta…

Vivimos corriendo, con la cabeza llena de mil quehaceres diarios, planificando el día, la semana, el mes. Nuestra mente es como una olla exprés a la que no dejamos de echar ingredientes. Y luego nos preguntamos por qué explotamos, por qué estamos cansados, por qué nos sentimos vacíos.

La meditación no es (solo) sentarse en postura de loto y alcanzar la iluminación. La meditación es la herramienta que te permite salir de esa olla exprés y sentarte a observar, desde fuera, todo ese ruido. Es encontrar un lugar de paz y silencio interior desde el que empezar a vivir de otra manera.

Pero cuidado: no te voy a engañar. La primera vez que te sientes a meditar no vas a sentir una paz absoluta. Lo más probable es que descubras, con asombro (y quizá con horror), la charla continua de tu mente. Te darás cuenta de que hay mensajes continuos, automáticos, que parecen no tener freno. Y aquí viene la gran revelación:

No son tuyos.

Tu mente es como una radio que está siempre encendida, recibiendo señales: miedos, juicios, expectativas, comparaciones, recuerdos, anticipaciones… Tú no has elegido esa emisora, pero ahí está sonando. Y lo increíble es que tú puedes decidir sintonizar otra frecuencia o simplemente dejar que la radio funcione sin prestarle atención.

Entonces, ¿qué hacemos en la meditación?

Hay dos caminos:

  1. Pelear con los pensamientos. Querer dejar de pensar a la fuerza, frustrarse porque no paras, hacer fuerza para que se vayan. Y aquí te lanzo una verdad incómoda: donde pones la atención, pones la energía. Si te enfadas con tus pensamientos, les estás dando más fuerza. Es como intentar apagar un fuego echándole gasolina.
  2. Dejar que la radio suene… mientras tú eliges escuchar otra cosa. Esta es la opción que nos interesa.

Imagina que estás tumbada en una hamaca en la playa. Sientes el sol en la piel, el roce de la brisa, escuchas el vaivén de las olas. Estás en un estado de relax absoluto. De repente, alguien se sienta a tu lado y se pone a hablar. Pero tú eliges no escucharle. No le tapas la boca, no te enfadas con él, simplemente… no sintonizas con su charla. Tú sigues con tu relax, con tu cuerpo, con tu respiración, con las olas.

En la meditación hacemos exactamente eso. Elegimos un ancla:

  • Sentir los pies anclados en la tierra, como si de ellos brotaran raíces que te conectan con la energía del suelo.
  • Notar la columna erguida, como un eje que recibe energía desde arriba (el cielo, el universo) y desde abajo (la tierra).
  • Escanear el cuerpo poco a poco, relajando cada parte: el cuero cabelludo, la frente, los ojos, la mandíbula, el cuello, los hombros… bajando lentamente hasta los dedos de los pies.
  • Sentir el cuerpo apoyado, firme, presente.
  • Respirar y, sencillamente, observar.

Cuando te centras en el cuerpo, en cómo te sientes por dentro, en si hay una emoción atrapada en el pecho o un nudo en la boca del estómago, algo mágico sucede: empiezas a poner atención en ti, en lugar de estar pendiente de las mil cosas de fuera. Y esa atención, esa capacidad de observar sin juzgar, es la herramienta más poderosa que puedes desarrollar.

La atención (lo que cultivamos en la meditación) es lo que luego te permite, en el día a día, darte cuenta de qué está pasando realmente dentro de ti y poder actuar desde ese conocimiento, no desde el piloto automático.

¿Y si tengo miedo a lo que pueda encontrar?

Aquí tocamos un punto sensible. Muchas veces evitamos meditar, evitar parar, porque en el fondo tenemos miedo de encontrarnos con algo de nosotros mismos que no nos guste. Creemos que si seguimos corriendo de una actividad a otra, ese dolor, esa herida, esa insatisfacción, desaparecerán.

Pero no es cierto. Lo que no se mira, no se va. Solo cambia cuando lo observas, cuando lo acoges, cuando te das cuenta de hasta qué punto eso que te duele no es del todo real, sino una historia que te has creído. Y ahí, justo ahí, es donde puedes empezar a cambiarlo.

¿Te ayudo a dar el primer paso?

Si has llegado hasta aquí, quizá te estés preguntando: «¿Y por dónde empiezo?».

Pues tengo una propuesta para ti. ¿Te gustaría que grabara una meditación guiada para escanear y relajar el cuerpo paso a paso? Algo sencillo, con mi voz, para que puedas ponerte los cascos y dejarte llevar sin tener que pensar en nada.

📩 Respóndeme con un SÍ en los comentarios y, si veo que hay interés, la comparto con vosotros en las próximas semanas. Así empiezas a practicar desde ya, acompañada.


Y si quieres ir más allá…

Todo esto de lo que hablamos (las heridas que evitamos mirar, las emociones que se quedan atrapadas, la paz que encontramos cuando paramos) está también en mis libros:

📘 Líbrate de las 7 trampas mentales [https://www.amazon.es/dp/B0F3Y5B3QX]
Descubre la creencia que hay detrás de ese dolor que vuelve una y otra vez.

📕 Lo que queda [https://www.amazon.es/dp/B0GNTT7Z4Y]
Una novela que transcurre en un retiro zen. Tres amigas, tres heridas (pareja, familia, trabajo) que salen a la luz cuando, por fin, se permiten parar y escucharse.

Porque a veces, lo que más miedo nos da encontrar en el silencio, resulta ser justo lo que necesitamos mirar para ser libres.

Primer capítulo gratis "Lo que queda"

Sumérgete en el viaje emocional y de transformación de tres amigas, y siente cómo sus historias pueden acompañarte y resonar contigo.

Próximamente: «Lo que queda«, la novela completa, en Amazon.