
Escucha a tu maestro
El dolor no es para siempre. Pero la sabiduría que te deja, si lo escuchas, sí lo es. No le temas al dolor, siéntalo, pregúntale, aprende. Y después, suéltalo. Ya has aprendido lo que tenías que aprender.
Agradece el dolor por lo que te ha enseñado y suéltalo. ¿Te animas?




