De las Migajas a la Semilla: Sanar Heridas Emocionales para Comenzar 2026 Desde Ti

heridas emocionales

Mi deseo para vosotras en el 2026

Las heridas emocionales no siempre se muestran con ruido; a veces se esconden en silencios, en migajas aceptadas y en la dificultad de habitarse por completo.

Los Reyes Magos no me trajeron nada empaquetado este año. Me trajeron claridad. La revelación del viaje que hice en 2025, de lo que dejé atrás y de la semilla que encontré. Esto es lo que quiero compartir con vosotras hoy.

He tenido un año de pérdidas. De despedidas que dejaron silencio. Unos silencios eran vacíos: de tiempos compartidos, de hombros donde apoyarte, de seguridad. Otros silencios… eran nuevos. Y en ellos, por primera vez, pude escuchar con claridad el sonido de mis propias manos agarrando… migajas.

Me di cuenta de que pasaba los días pidiendo. Pidiendo validación en likes fugaces. Pidiendo que los demás llenaran con su aprobación un vacío que solo yo podía habitar. Pedía desde el vacío, y encontraba más vacío. Era un círculo que me dejaba exhausta.

Heridas emocionales: dejar de vivir de migajas

El cambio no llegó con un truco de magia. Esta no era la primera vez que trabajaba sobre el vacío —el trabajo de crecimiento y de sanar heridas emocionales es siempre paso a paso—, pero en esta ocasión no llegó con dolor. Llegó con reconocimiento. Con la necesidad genuina de estar conmigo para escucharme, para habitarme. Llegó cuando la inutilidad de pedir y buscar fuera fue mayor que el miedo a dar.

Y empecé a dar. A dar lo que sí tenía: mi atención plena, mi experiencia sin edulcorar, mi tiempo sin mirar el reloj. Y algo mágico pasó: al dar, me llenaba. Ya no necesitaba pedir que me llenaran. Había descubierto un manantial propio.

Estar conmigo me agradaba. No había miedo a la soledad, no había miedo a mirar. Y eso me hizo darme cuenta del gran avance: aquel antiguo yo, el de hace años, que no podía sentir, como si sentir fuera el mayor monstruo… ya no estaba.

Dejé de contar likes para empezar a contar latidos. Los latidos de mi propio corazón cuando escribo una palabra honesta. Los latidos de quietud cuando medito y siento, debajo de todo el ruido, la semilla. Esa semilla que siempre estuvo ahí, esperando a que dejara de buscar fuera el árbol que ya llevaba dentro.

¿Que si da miedo? Claro que da miedo. Dejar atrás lo conocido, aunque sean migajas, da vértigo. No os voy a mentir. Pero hoy miro atrás y veo un patrón que me da una convicción inquebrantable: los cambios profundos siempre llegan cuando estás preparada. Llegan para sacarte del lugar que ya te queda pequeño, aunque al principio solo veas el espacio vacío que dejan.

Sanar heridas emocionales no es convertirse en alguien distinto, sino volver poco a poco a quien siempre fuiste antes de aprender a sobrevivir desde la carencia. Es un proceso íntimo, no lineal, que se sostiene con presencia, honestidad y mucha compasión hacia una misma.

Por eso este 2026 no viene con una lista de propósitos grandilocuentes. Viene con una intención de semilla: seguir regando lo interno, seguir dando desde la plenitud y no desde la carencia, y crear desde aquí los espacios donde vuestra propia semilla pueda sentirse segura para germinar. Yo a esto lo llamo habitarse. Porque me crea un calorcito en el corazón, me da la sensación de un hogar tranquilo e interno.

Porque ahora sé que mi trabajo no es daros un árbol. Es recordaros cómo encontrar vuestra semilla y daros la compañía y la tierra fértil para que crezcáis hacia vuestra propia luz.

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