Karma, la Culpa y la Libertad Interior

Libertad interior y comprensión del karma

Si hay una palabra que hemos adoptado del pensamiento oriental y luego hemos retorcido hasta hacerla irreconocible, esa es Karma.

La usamos a diario. Cuando a alguien que consideramos “malo” le sucede una desgracia, soltamos un “es el karma” con un punto de satisfacción. Lo hemos convertido en el sustituto moderno de “Dios castiga”, en un sistema de justicia cósmica que, supuestamente, se encarga de premiar y castigar por nosotros. Pero, ¿y si esta visión no solo es errónea, sino que nos mantiene atrapados en la misma prisión de culpa y miedo de la que pretendíamos escapar?

Karma no es un castigo. Karma es causalidad.

Pensar en el karma como un castigo es vestirlo con las ropas viejas de la religión del miedo que muchos creíamos haber superado. Es el mismo Dios castigador, pero con un nombre exótico. “Si pecas, al infierno. Si eres malo, el karma te devolverá el golpe”. Cambiamos el vocabulario, pero la culpa y el temor siguen siendo los cimientos.

La espiritualidad auténtica, sin embargo, no tiene que ver con este miedo. Se trata de responsabilidad. No se basa en “no haré daño porque si no, me castigarán”, sino en “no haré daño porque es contrario a mi ética y a mi respeto por el otro y por mí mismo”. El trabajo no es obedecer por miedo, sino actuar desde la coherencia interna.

El verdadero trabajo es un viaje hacia el interior.

Parte de esa responsabilidad implica ser extremadamente sinceros con nosotros mismos. Bucear en nuestras emociones y en nuestro inconsciente para preguntarnos: ¿actúo por libertad o por miedo al qué dirán? ¿Me mueve el deseo genuino o la sombra de una culpa antigua? La brújula que debemos seguir no está en los mandamientos externos, sino en nuestras propias entrañas. ¿Me resuena esto? ¿Me siento en paz con esta decisión?

Además, ¿quién somos nosotros para dictar sentencia sobre la vida de los demás? Cuando decimos “qué mal karma tiene” sobre alguien que está pasando por un mal momento, estamos siendo tremendamente arrogantes. Estamos juzgando su camino, su proceso. Lo que desde fuera parece una desgracia, puede ser el catalizador de su mayor aprendizaje, el regalo envuelto en un papel feo. La vida no es blanca o negra, y nuestros juicios rápidos solo reflejan nuestra propia incapacidad para abrazar la complejidad.

Propuesta: Cambiemos la mirada.

Empecemos a mirar con más amor y menos juicio. Hacia los demás y, sobre todo, hacia nosotros mismos. Desarmemos la idea de un universo que nos vigila para castigarnos y abracémonos a la idea de un universo que nos ofrece experiencias para crecer.

El karma, entendido bien, no es una cadena; es la llave de la libertad. La libertad de ser dueños de nuestros actos, sin la losa de la culpa, pero con la profunda convicción de que cada elección nos moldea. No se trata de pagar deudas, sino de sembrar con conciencia para recoger una vida que esté en alignment con quien realmente somos.

Te comparto un relato sobre este tema: La Última Moneda: https://carinavp.com/la-ultima-moneda/

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