Este es el viaje de tres amigas cansadas, dolidas y hartas. 🍷 Tras una comida con mucho alcohol, deciden irse a un retiro zen 🧘♀️ para encontrarse a sí mismas. A lo largo de su estancia, vivieron vicisitudes, dolores y reconocimientos que transformaron sus relaciones de pareja, sus trabajos, su familia y sus amistades. A medida que se comprendían mejor a sí mismas, también aprendían a relacionarse de otra manera.
Más adelante, estos capítulos se reunirán en un libro titulado Lo que queda: el dolor de las relaciones que te transforman, que incluirá contenido extra de la historia. Allí podrás leer todos los pormenores de sus relaciones y lo que va sucediendo, más detallado y paso a paso.
👤 Cecilia
🏷️ Cuando lo que era para siempre se rompe
Cecilia llegó al retiro con el corazón roto.
No era solo tristeza: era desorientación.
Había construido su vida alrededor de una relación que creía definitiva.
No porque fuera perfecta, sino porque pensó: aquí es.
—No sé quién soy sin eso —le dijo al maestro Zen el primer día—.
Todo lo que tenía sentido estaba ahí.
El maestro no le habló de la otra persona.
Le habló del suelo.
—Cuando ponemos el hogar fuera —le dijo—,
el día que se cae, nos quedamos sin lugar interno.
Cecilia sintió rabia.
Ella había amado de verdad.
—Amar no fue el problema —continuó—.
El dolor viene de haberte dejado fuera mientras amabas.
Por primera vez, no sintió que el retiro fuera para olvidar,
sino para volver.
👤 Marian
🏷️ Sostenerlo todo cansa el alma
Marian no llegó al retiro por una crisis concreta.
Llegó por agotamiento.
Había sido la fuerte, la que podía, la que resolvía.
Durante años.
—No me pasa nada grave —dijo—.
Pero no descanso nunca, ni siquiera cuando paro.
El maestro Zen la miró con suavidad.
—Has vivido demasiado tiempo sosteniéndote desde la cabeza —le dijo—.
Pensar te ayudó a seguir, pero ahora te mantiene lejos de ti.
Marian nunca había pensado que su claridad
fuera una forma de supervivencia.
Ese día entendió algo incómodo:
no estaba cansada de hacer,
estaba cansada de no sentirse.
👤 Mencía
🏷️ Cuando pierdes el trabajo y no sabes quién eres
Mencía llegó al retiro después de perder su trabajo.
Pero lo que más le dolía
no era el dinero.
—Ya no sé quién soy —dijo—.
Siempre he sido lo que hacía.
El maestro Zen asentó.
—Te apoyaste en el hacer —le dijo—
porque nadie te enseñó a apoyarte en quien eres.
Mencía se dio cuenta de que nunca se había preguntado
qué la sostenía cuando no producía.
Por primera vez, no intentó buscar una salida rápida.
Se permitió estar en el vacío.
El viaje continúa… Cada 15 días te compartiré aquí tres nuevos capítulos para que sigas acompañando a estas amigas en su recorrido, con sus miedos, descubrimientos y cambios.


